Con la declaración de anormalidad académica se busca que la comunidad universitaria concurra a un esfuerzo político común. Pero lo cierto es que en las experiencias que hemos tenido nos hemos encontrado con que eso no sucede, la medida es ineficaz; no logra revertir la inercia de la apatía reinante en los asuntos que requieren de esfuerzos políticos; como la asistencia a asambleas, las representación estudiantil o la lucha por la ampliación efectiva de espacios democráticos institucionales. Lo anterior es en parte consecuencia de la entrada en la universidad de un nuevo tipo de estudiante que obedece a otras dinámicas de integración social, lo cual sugiere la necesidad de estudio y práctica de nuevas formas de activismo.