Carta abierta a los estudiantes
Red de Estudiantes para la Democracia - RED
Hoy en el mundo están sucediendo muchas movilizaciones sociales, y si hemos llegado a saber de ellas en los medios masivos de comunicación nos hemos percatado de que se habla muy poco de los protagonistas, de sus razones o propuestas, y en cambio se tiende a difundir en mayor medida los episodios de violencia que protagonizan minorías aisladas. Esta tendencia tiene el objetivo de criminalizar las movilizaciones y protestas, infundir miedo entre la sociedad, y en últimas, subir los ratings para explotar el morbo.
Esto mismo es quizás lo más lamentable del proceder violento de algunas personas dentro de las universidades públicas, ese efecto de desplazamiento de la atención de los estudiantes y de la sociedad, desde asuntos que deberían tener una mayor importancia -como el debate de las reformas del gobierno y las propuestas de los universitarios- hacia el fenómeno no menos grave de la violencia. Esto, con el agravante de que es toda la comunidad la que se convierte en víctima de la represión policial, de los desalojos y los cierres de la universidad.
Algunos de entre los que reivindican la capucha, las papas y los tropeles han sido conscientes de esta situación, y han venido manifestando que ciertos grupos de encapuchados que han salido, y muchas de las papas detonadas en la universidad en los últimos tiempos, no son responsabilidad de los grupos clandestinos “tradicionales”, aduciendo la posible existencia de grupos saboteadores presuntamente organizados por la policía. Estas personas piden a la comunidad universitaria y a la sociedad que diferencie entre capuchos verdaderos y capuchos falsos.
Más recientemente, un grupo de encapuchados confirmó la existencia de cámaras escondidas instaladas por la policía en corredores -y presuntamente- en baños de la ciudad universitaria. Sea cierta o no la existencia de cámaras en baños, vemos que nuevamente es la comunidad entera quien se convierte en víctima de abusos, que en otras circunstancias merecerían una discusión acerca del creciente monitoreo y control del Estado sobre las personas como una amenaza para el ejercicio de libertades, pero que, actualmente, la mayoría está dispuesta a aceptar con tal de que cese la violencia. No obstante los defensores de la capucha, las papas y los tropeles creyeron encontrar en las cámaras escondidas un argumento adicional para reivindicarse.
Aunque denunciamos la responsabilidad política que el señor Rector de la Universidad de Antioquia, Alberto Uribe Correa y el señor Gobernador de Antioquia, Luis Alfredo Ramos, tienen en el aumento de la violencia, el control y las limitaciones de acceso a las que nos vienen sometiendo a todos, también es necesario discutir las premisas y responsabilidades de quienes defienden y usan las capuchas, papas y tropeles como su forma de acción política.
En primer lugar, olvidan estas personas un aspecto que es de toda la importancia: para desgracia de los movimientos sociales, este país está en medio de un conflicto armado. De manera que para el observador común es muy difícil dejar de identificar las capuchas, las papas y los tropeles con la subversión armada, así algunos defensores de la capucha juren que no tienen nada que ver. Además de esto, algunos se pavonean por el campus con banderas y símbolos de un reconocido grupo armado ilegal.
Es totalmente metafísico pensar que la opinión pública –encauzada generalmente por los medios masivos de comunicación- se va a detener a hacer diferenciaciones concienzudas entre quién es guerrillero y quién no lo es, y así meten en el mismo costal de la subversión armada a todo el movimiento universitario. Con salir a la calle a gritar que “los estudiantes no somos terroristas”, no se puede remediar esta situación.
En segundo lugar, el asunto de las cámaras escondidas NO reivindica las capuchas, papas y tropeles, todo lo contrario. Así en las asambleas algunos le den miles de vueltas al porqué del asunto, lo inocultable es que las cámaras se pusieron en primer lugar para poder reprimir y judicializar a los encapuchados, después de todo, ellos usan las locaciones de la universidad para cambiarse de ropa y preparar sus artefactos. La persistencia de este tipo de actores violentos ha sido el pretexto perfecto, sin el cual las fuerzas del orden no hubiesen podido cometer tantas barbaridades contra toda la comunidad.
En suma, los detractores de la financiación estatal de la universidad pública, que se encuentran en el Estado, en las administraciones universitarias y en los medios de masas, nunca dejarán de utilizar las ventajas que en propaganda brindan los tropeles, papas y capuchas para criminalizar a todo el movimiento universitario. Tampoco dejarán de desviar la atención de las cosas importantes -como la discusión de las reformas- hacia los aspectos violentos, ni dejarán de utilizar el contexto de la lucha clandestina para infiltrar y sabotear.
Por estas razones las capuchas, papas y tropeles no son una forma de lucha que esté en condiciones de servir al movimiento, sino que lo perjudica, lo divide y lo alinea en uno de los bandos del conflicto armado. Por eso decimos “no apoyamos la violencia en la U de A” ni en ninguna universidad pública. El movimiento estudiantil no puede dejarse envolver en el pantano de la guerra por que allí muere. Le hemos propuesto a la Asamblea General algo fundamental, y es que se pronuncie contra toda violencia, sin discriminar quién la ejerce. Sin esta condición, no será posible construir organización, tampoco se podrán encarar las propuestas de reforma, y mucho menos podremos defender nuestra postura en cuanto estudiantes de cómo y para qué debe ser la universidad.
A quienes sí apoyan cualquier bando en esta guerra les exigimos ser honestos en la verdadera justificación de sus propuestas y acciones. Si ganan el apoyo de los estudiantes que esto sea consecuencia de un trabajo paciente y responsable en el que claramente se evidencie la justeza de sus llamados y la viabilidad de los caminos que proponen. Que no sean las papas ni los fusiles las voces desesperadas que tengan que imponer para sobreponerse a la impotencia. Ojalá respeten el derecho del pueblo que dicen defender a organizarse, expresarse y a deliberar libremente.
U de A. Medellín - Agosto de 2011
¿Qué hacer en la U de A frente a las reformas?
Próximamente publicaremos más detalladamente algunas posturas, propuestas e iniciativas relativas más específicamente llamadas a encarar el tema de las reformas y la supervivencia de la universidad pública. Entre tanto, no podemos dejar de mencionar lo siguiente:
Sobre las propuestas de reforma del Gobierno nacional creemos que es urgente, y hay condiciones suficientes, para que los estudiantes lideremos la creación de una mesa amplia en defensa de la financiación estatal de la universidad y de su autonomía, y con el objeto de vincular efectivamente a otros sectores sociales a esta lucha política, incluyendo sindicatos, movimientos y partidos políticos. Mientras no se resuelva cuál es el marco legal que regirá la universidad, es preferible que la reforma al estatuto estudiantil que propone el Rector se aplace, llamamos a seguir en alerta, a participar y exigir participación en su construcción y aprobación.
Pero absolutamente nada de esto es posible si no hay más organización, más participación y más democracia entre los estudiantes; en conclusión más esfuerzo. Por ello hemos planteado la reforma al esquema de funcionamiento de las Asambleas, con miras a profundizar su base representativa directa y su marco normativo. También tenemos las miras puestas en promover las representaciones estudiantiles legalmente establecidas y en la conformación de una organización estudiantil profundamente democrática y pluralista, donde quepan los estudiantes de todos los partidos y sin partido.
Proyecto organizativo
Red de Estudiantes por la Democracia – RED
Únete tu también
red.estudiantes.2011@gmail.com

