viernes, 10 de diciembre de 2010

De la abstención de la piedra o una columna más sobre el mismo tema



Por Juan Camilo Rua Serna
Estudiante de Derecho – Cuarto Semestre
Tomado de la Columna de Opinión de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas

Universidad de Antioquia.



"La Universidad de Antioquia que para el pueblo es gratis,
que es del pueblo y para el pueblo,
por el pueblo vive en huelga desde hace veinte años."

Fernando Vallejo

Señores capuchos, muchas gracias. El eco de sus papas retumba todavía en Casa de Nariño; según los rumores, Santos está pensando seriamente en renunciar. Que el miedo no lo deja dormir ni gobernar. Se la pasa preguntando si algún día tendrá que desalojar su despacho porque están tirando piedras y el rector dio orden de evacuación. ¿Y qué pasa en el congreso? Ah, salen todos como ratas, corriendo, huyendo, abandonando el barco. ¿Cómo no, si tiraron una papa en la Universidad de Antioquia? Ni que decir de cuanto corrupto hay robándose los dineros del erario, de cuanto soldado hay violando derechos humanos y de cuanto delincuente campea libremente por cuanta calle existe. Dos papitas más, nada más dos, y se le quita el hambre a los niños. Tres, tres más y se educan todos. ¿Y con cuatro? Ah, que con cuatro nos volvemos críticos, dicen los que saben. ¿Y, doctor, con cinco? Paz mundial, m'hijo, paz mundial. Ah, qué bueno, doctor, vamos y nos tiramos las cinco que faltan. No, pero que siempre no, que hay que tirar más porque de las que han explotado, varias son responsabilidad de MIRO; que más o menos la mitad y papa-bomba oficial no vale. ¿Y que cuáles son mis pruebas? Ah, mi fuente: el movimiento estudiantil. ¿Que quién tiró la piedra que después de darle a un ESMAD terminó en la cabeza de la defensora de derechos humanos? No, los estudiantes no: un celador o un policía. No se desgaste buscándole pelos a un calvo. Deje el sarcasmo, doctor1, que ofende al movimiento.

A lo máximo que ha llegado la Universidad de Antioquia, en-términos-de-revolución, es a tener semestres de siete y ocho meses. ¡Semestres de siete meses! ¡De ocho! ¡Caramba, pero qué revolución en el campo de la medición cuantitativa del tiempo! ¿Quién se atreve, pues, a afirmar que el movimiento estudiantil no es capaz de hacerle la revolución al pueblo?

¿Vamos a seguir con lo mismo que llevamos haciendo cuarenta años? Estamos de acuerdo en que los tiempos cambian y los métodos de opresión también; que la esclavitud se disfraza de un salario, de un mínimo; que hay muchas formas de dominación que no percibimos. Si los métodos de opresión cambian, pero en esencia siguen siendo lo mismo, esto es, opresión; ¿por qué no han de cambiar los métodos para liberarnos, sin que, en esencia, ello deje de ser precisamente eso, liberación? ¿Van a seguir tirando piedras y papas y botellas incendiarias creyendo que están haciendo algo para liberarse? ¿Creen, de verdad, que tiene esto alguna utilidad? No, digo yo. Ni aún utilidad simbólica. Pensemos, ¿a quién le llega el mensaje que se pretende dar mediante la violencia? ¿A Colombia? Colombia, o la mayoría de su población, está, en términos de Heidegger, en estado de interpretado; es decir, tienen una existencia inauténtica puesto que dicen y piensan lo que otros dicen y piensan. ¿Y quiénes son los otros? Los medios. ¿Qué pasa cuando una persona del común, un hombrecito de a pie, se entera de que en la Universidad de Antioquia hubo disturbios? Piensa, o que los estudiantes protestan por todo, o que somos unos delincuentes, o que hay mucho guerrillero. Llega a la conclusión —y por llegar-a-la-conclusión hemos de entender que lo-llegan-a-la-conclusión— de que hace falta presencia de la bota militar en el interior de la Universidad. Gran parte de la población colombiana está cansada de la violencia; y más si presiente que ella viene de grupos de izquierda; así que, cualquier idea, cualquier pedido que sea dado mediante ella, pierde legitimidad e interés. A quien me lea, que el movimiento estudiantil tenga o no ideas de izquierda, es para el ciudadano común cosa baladí; él no se detendrá en análisis políticos, si están protestando y son de la Universidad de Antioquia la conclusión llega rápido: son de izquierda. Repito, así el movimiento estudiantil no se adscriba oficialmente a ningún ideario político en particular.

¿Por qué no, pues, buscar métodos menos nocivos? Muchos dirán que quienes nos oponemos a las papas y a las piedras no aportamos nada, que no sabemos más que criticar. En dirección diferente se encamina mi opinión: si dejamos los métodos violentos, adquiriremos legitimidad. El pueblo podrá oírnos, y más que oírnos, podrá escucharnos. Porque una papa se oye, pero una idea tiene que ser escuchada. Podemos obligar a quienes pasan por Barranquila a que oigan nuestras bombas; pero a que escuchen lo que tenemos que decir, nunca. Cuando quienes quieren imponerse por la fuerza, dejen de hacerlo, podremos nuevamente hacernos escuchar. Por lo pronto, cada papa y cada piedra nos jode única y exclusivamente a nosotros.

La propuesta, pues, es toda absoluta sencillez: legitimarnos ante la sociedad mediante el uso de la no violencia. Si por el ineluctable trasegar del tiempo los métodos de opresión han cambiado para disfrazarse de aparente libertad, deberían también nuestros métodos de liberación acoplarse a estas transformaciones y dejar de ser mero simulacro de libertad y dignidad.

En ese proceso, también, podríamos legitimarnos ante el propio estudiantado. No soy vocero de nadie, pero es perceptible un constante y creciente desinterés por los temas que atañen a la situación de la Universidad Pública en general, y a la Universidad de Antioquia en específico. Creo que ello es, y en la misma dirección iba la opinión de otro estudiante que participó de la última asamblea –a la que por cierto no asistimos más de 200 personas (200 de miles y miles de estudiantes que somos)- , porque la Asamblea General está intentando imponerse. Aquí, un pequeño consejo. Al que manifieste su opinión en contra de las disposiciones de la Asamblea, o de la violencia de los capuchos, o de los sempiternos paros, no le respondan tildándolo de facho, paraco, arrodillado-del-imperialismo-yanqui-sionista, mancusito, ni mandándolo a estudiar a una universidad privada. ¿O es que nos gusta cuando nos tildan de guerrilleros solamente por distanciarnos de las políticas del gobierno? Me parece que es una manera de separar aún más al estudiantado.

¡Hay Asamblea! ¡No hay clases y los que estén recibiendo, o en dialecto costeño: 'dando', clases los sacamos! ¡Ayer hicimos Asamblea, no hay exámenes durante tres días! Yo podría entender que se dé un día de anormalidad, para que quienes vayan a éstas repongan lo que invirtieron debatiendo, en lo que dejaron de estudiar. ¿Pero tres? Alguno que en los márgenes de esta hoja me explique el porqué de los tres días. Ahí, al lado del insulto que otro podría dejarme. No, pero nadie insultará. ¿Cómo si somos estudiantes de Derecho y de Ciencia Política, absolutamente respetuosos de la libertad de pensamiento y expresión?

Podría criticarse tanto interés en el tema métodos-de-lucha dentro de la Universidad, diciéndose que éste no es ni el principal ni el más grave problema que hoy por hoy nos aqueja. Bien es cierto y concuerdo en ello: no es ni el más grande ni el más peligroso de los problemas. Y ello es así porque efectivamente el tema presupuestario es todavía más neurálgico para la propia supervivencia de la institución. Sin embargo, el tema sí tiene repercusión sobre la problemática en general, y esto por cuanto las soluciones han de venir de unos estamentos universitarios unidos y pensantes, soluciones que han de ser apoyadas por una sociedad civil que crea en los estudiantes, que apoye sus propuestas y las hagan cumplir. Tales soluciones nacerán de consensos, de consensos libres, gestados en el libre y racional debate de las ideas, ideas fruto de un pensamiento autónomo que asiste al espacio reflexivo por un interés natural y real, esto es, de un cuerpo estudiantil que quiere pensar la Universidad y pensarse sin presión alguna, porque ha comprendido la valía de su papel en la academia, y de ésta en la sociedad. En síntesis: legitimación del estudiantado ante el estudiantado no imponiéndose más, legitimación del estudiantado ante la sociedad saliéndose del estereotipo del estudiante capucho que no sabe más que tirar piedras en la calle Barranquilla, legitimidad que, por fuerza, elevará el tono de nuestra voz y servirá de puente entre la academia y Colombia y sus infinitos problemas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario