lunes, 25 de abril de 2011

EDUCACIÓN Y EMPLEO

Por: Juan Camilo Ochoa R.,
Ex presidente Suramericana de Inversiones,
Ingeniero Escuela de Minas UN en Medellín
Máster en Ciencias de MIT,
PhD en Matemáticas de UCB.
Publicado por UN Periódico # 147 del 9/04/11
La esperanza de acceder a la educación superior para los sectores de bajos ingresos, es decir, para la mayoría de la población colombiana, apunta a la universidad pública que ha sufrido un gran descuido por parte del Gobierno central.
 
La noción de equidad empleada en estas notas es de carácter pragmático, desde un punto de vista de racionalidad social y no partiendo de principios éticos o morales (costumbre), como también podría ser. Se basa en que la equidad tiene que ver con el ofrecimiento de iguales oportunidades al niño y al joven, con el fin de aprovechar en forma óptima el conjunto total de sus talentos. Las personas que no tengan/tienen acceso a la educación, introducen un sesgo negativo en el potencial de crecimiento y desarrollo de la sociedad. Un grupo de jóvenes sin educación es visto aquí como un desperdicio de recurso humano y no una simple “injusticia”. Esta es una condición para el logro de altas tasas de crecimiento y bienestar colectivo. Su plena y óptima utilización en la sociedad es una condición para el logro de altas tasas de crecimiento y bienestar colectivo.
 
El sistema de educación superior colombiano ha escindido a la población estudiantil en dos grandes grupos altamente diferenciados por sus ingresos: por una parte, están los  que/quienes provienen de los estratos 4 a 6, que se pueden catalogar como de ingresos medios y altos, y van a las universidades privadas; por el otro, los que pertenecen a hogares de estratos 1 a 3, que se pueden clasificar  de ingresos bajos o medios bajos, y aspiran a realizar su educación superior en las universidades estatales1. La clase media se viene reduciendo progresivamente.
 
Existen muchas variantes en los requisitos de admisión a las universidades privadas. Algunas se basan en los exámenes de Estado (ICFES),  pero con un grado de exigencia muy variable. Naturalmente, las mejores son las más exigentes y muchas agregan una entrevista que se puede prestar para utilizar criterios no académicos que podrían conducir a discriminación, según el gusto y orientación ideológica de la institución. En algunas, las de menor calidad, el que pueda pagar ingresa. Estas universidades  no disponen de subsidios estatales como las públicas2.
 
Por el alto costo de la matrícula, es común que no alcancen a llenar todos los cupos disponibles, lo cual les facilita – en algunos casos y con muy buen criterio– - ofrecer subsidios a algunos estudiantes de bajos ingresos, cuya participación es baja en su población estudiantil.
 
Entrar a la universidad estatal es exigente y la competencia es intensa. Por esta razón, hay una alta selección de los alumnos. Los costos de la matrícula son bajos, pero aun así, muchas familias, sobre todo de estratos uno1 y dos2, no están en capacidad de sufragar los costos necesarios de transporte, material didáctico y sostenimiento3. Así,  se llega a una población estudiantil más o menos homogénea, con unas condiciones de vida y  problemáticas sociales semejantes, y en muchos casos difíciles, pero muy distintas a las de los estudiantes de las universidades privadas.
Ello hace que, en muchos casos, los estudiantes, a pesar de la alta selección inicial, no den el rendimiento esperado  durante la carrera. El alto costo de las universidades privadas y el desprestigio de las universidades estatales por sus problemas disciplinarios mal negociados y mal solucionados,  así como el desconocimiento de su calidad,  ha conducido a la escisión mencionada. 
Infortunadamente, se viene perdiendo una gran oportunidad de diálogo y mutuo conocimiento entre las distintas clases sociales, en una etapa de la vida en la que el  hombre/ser humano está más dispuesto a un fructífero intercambio de ideas. Toda esta situación conlleva a que solo un pequeño porcentaje de los  estratos de bajos ingresos logre estudios superiores.
 
Así, se concluye que, la esperanza de esta población de acceder a la educación superior- –es decir para la gran mayoría de los colombianos–- apunta a la universidad estatal , altamente descuidada por parte del Gobierno central en los últimos años4-5.
 
Empleo y equidad
Disponer de un empleo estable y bien remunerado garantiza el bienestar de la familia y la educación de los hijos. Puede generar un cambio radical de estrato en una o dos generaciones.
 
A nivel social, los altos niveles de empleo conllevan a una amplia sociedad  de clase media  con buena capacidad de consumo. Se desarrolla un importante mercado interno y se promueve la continuidad cultural y educativa de las sucesivas generaciones. Ello facilita el mantenimiento de una base industrial y agropecuaria que sirve de soporte a altas  tasas de crecimiento.  De esta manera se configura el camino al desarrollo.
 
Un empleo inestable, mal remunerado y precario no permite la generación de una base industrial, agrícola y de servicios que sirva de ancla y soporte para el desarrollo.
Educación Superior y empleo
En la población con estudios superiores, la tasa de desempleo es menor y evoluciona favorablemente con el tiempo6. Algunas empresas del sector formal desconfían de los egresados de las universidades públicas. La falta de interacción entre los estratos no facilita contactos útiles al momento de ubicarse laboralmente. Algunas empresas privilegian las relaciones con las universidades privadas para sus proyectos de investigación y desarrollo, por desconocimiento de los recursos y capacidades de las universidades estatales y por temores infundados sobre el carácter y comportamiento de sus egresados.
 
En el país hay 4.236.000 personas entre 17 y 21 años. De estos, 1.494.000 están matriculados en educación superior. La cobertura es, por lo tanto, de 35,3%. Hay, entonces 2.742.000 jóvenes en edad de recibir estudios universitarios que permanecen por fuera del sistema. Habría que ver cuántos de los 1.494.000 que aparecen como matriculados lo están en el Sena e instituciones similares en programas que no son realmente de educación superior. El plan de desarrollo de la actual administración busca subir la cobertura a 50% para el fin del periodo presidencial (¿2014?)
 
Innovación y desarrollo
 
Se volvió un lugar común decir que para competir en el mercado internacional es necesario innovar. La innovación es primordial a nivel macrosocial, regional, urbano y empresarial. De igual manera, lo es en el sistema educativo y en las instituciones del Estado.
 
En las empresas industriales hay que renovar los productos y los procesos de gestión, administración y fabricación. Lo mismo aplica a las empresas del sector agropecuario y a las de servicios. Hoy en día, la supervivencia depende en gran parte de la innovación, porque es necesario seguirle el paso a los cambios tecnológicos y de gestión de los competidores. También, a los cambios en el gusto y las necesidades del mercado.
 
Innovación y educación superior
 
Para promover la innovación es necesario estimular en los trabajadores, a todos los niveles, la imaginación, la creatividad y la capacidad de atreverse a lo nuevo. Hay que luchar contra el apego a lo tradicional. Se requieren mentes con amplio criterio, capaces de romper con lo manido y lo establecido, pero que apunten al mejoramiento, a la eficiencia, a la productividad, al cambio y al progreso.
 
Se puede, y es necesario, hacerlo en todos los niveles; pero la innovación que tiene gran impacto, la que conduce a cambios notorios en la sociedad, es la que proviene de aplicaciones y hallazgos de carácter científico, producto de una seria y paciente investigación conducida por profesionales de la más alta formación y capacidad, que utilizan las herramientas más modernas y complejas. Como se dice ahora: una investigación de talla mundial.
 
Uno de los ejemplos más paradigmáticos de cultura de la innovación se produjo en el llamado “Silicon Valley”, a finales de los años 70, en el norte de California (EE. UU.), en la vecindad de las universidades de Stanford y UC Berkeley, al sur de la ciudad de San Francisco. Este proceso fue iniciado por egresados de estas universidades y algunos estudiantes. Luego se unieron a ellos capitales e investigadores de diferente origen, pero la dinámica innovadora principal provino de investigadores de estas dos universidades, calificadas ambas entre las cinco mejores del planeta en su momento. A este ejemplo se podría agregar el de otros centros pioneros de innovación como las ciudades de Cambridge y Boston en Massachusetts (EE. UU.), alrededor de las universidades de Harvard y MIT, también clasificadas entre las mejores del planeta. En la ciudad de Bangalore (India) y de UCLA en el sur de California, se dieron fenómenos semejantes.
 
No es coincidencia que los grandes centros de innovación se hayan localizado cerca de grandes universidades de investigación al más alto nivel. Por ello, si se quiere producir un proceso de generación de empleo en la ciudad y la región, es necesario entender que debe ir de la mano de la innovación, la investigación y el desarrollo de estudios superiores avanzados de primer nivel en las principales universidades de la región. Para aprovechar plenamente el talento y las buenas condiciones de la juventud, hay que buscar el desarrollo de una universidad moderna que ofrezca acceso equitativo a una buena parte de los jóvenes estudiantes de todos los estratos sociales. No hay que olvidar que el sistema que tenemos en la actualidad, al discriminar la población por ingresos, está perdiendo un gran potencial y arrojando al cesto del desempleo a una buena parte de su mejor recurso humano. De esta forma, les estamos dando muchas ventajas a nuestros competidores globales.
Conclusión
Se puede disminuir la tasa de desempleo temporalmente con medidas de choque puntuales, pero hacerlo de una forma más estructural es un proceso lento y difícil. Basta observar lo que viene ocurriendo en Estados Unidos después de la última crisis que comenzó a finales del 2007 con los créditos hipotecarios y que luego se extendió a otros activos financieros. El sistema superó la crisis con medidas fiscales y monetarias tomadas por la Secretaría del Tesoro y la FED, pero las altas tasas de desempleo generadas por la depresión vienen evolucionando con suma lentitud.
En consecuencia, se hace necesaria una mayor atención a la cobertura y calidad del sistema de educación superior. Se debe apuntar a desarrollar con fuerza la investigación científica y la innovación al más alto nivel, como condiciones para competir en el mercado internacional, y avanzar en un proceso vigoroso de desarrollo económico. Este proceso debe ocurrir dentro de un entorno social de impulso al desarrollo de una numerosa clase media que sirva de sustento a un amplio mercado interno. No es posible superar un atraso tan grande buscando soluciones “baratas” y aparentemente sencillas7.
 
En vista del atraso tan grande en la superación de la inequidad inherente a la alta concentración del ingreso, y al potencial de los recursos humanos que se están perdiendo debido a la baja participación de los estratos más pobres en el sistema de educación superior, será imperiosa una fuerte inversión pública en el sistema de universidades estatales, tanto a nivel nacional como regional y local. Es necesario corregir el atraso acumulado en gobiernos anteriores, en buena parte debido a un sesgo ideológico contra la educación estatal.
 
1“En Educación Superior [sic], hoy es 55% pública y 45% privada” f.: María Fernanda Ocampo. “El Tiempo”, Mmarzo 13 de 2011, p. 3.
2En sentido estricto, debe hablarse de universidades estatales y privadas, puesto que todas las universidades colombianas son públicas en el sentido de estar abiertas, en principio, a todos los ciudadanos.
3En el caso de la UN de Medellín, 90% de sus alumnos pertenecen a los estratos 1 a 3 (50% al estrato tres).
4“En Colombia hay 80 universidades, de las cuales 32 son públicas. El Gobierno les gira $ 2.2 billones de pesos al año. Inversión que, con el subsidio a la demanda y otros gastos de funcionamiento incluidos, asciende a 5,.67 billones de pesos, que son el 1,.01% del PIB.”. f.: María Fernanda Ocampo, Ministra de Educación, “El Tiempo”, 3/13/marzo 3 de 2011, p. 3.
5La inversión del Gobierno Nacional en las universidades estatales es a todas luces insuficiente: “3,.2 millones de jóvenes se graduaron de Bachillerato en los últimos 10 años y nunca pudieron acceder a la Educación Superior o tuvieron que desertar. El año pasado, se graduaron de bachillerato 620.000 mil jóvenes y en el primer semestre de este año soólo 294.,000 lograron ingresar”. f.: María Fernanda Ocampo, Ministra de Educación, “El Tiempo”, Marzo 13 de 2011, p. 3.
6Cf.: Hugo López C., “Empleo Informal Urbano en Colombia: Dinámica de Largo Plazo.
7“En Colombia hay 80 universidades, de las cuales 32 son públicas. El Gobierno les gira $ 2,2 billones al año. Esta Inversión, con el subsidio a la demanda y otros gastos de funcionamiento incluidos, asciende a $ 5,7 billones, que son el 1,01% del PIB. Con la reforma se aspira a sumar, junto con la inversión privada, otros $ 2,3 billones, en los próximos tres años”. Reportaje de la ministra de Educación, María Fernanda Campo, al periodista Yamid Amat. El Tiempo, marzo 13 de 2011, p. 3.

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